Quizá pienses que la necesidad de preguntar algo es consecuencia de no haber escuchado lo que el otro está diciendo, o haberse perdido parte de su discurso. Pero en realidad, las preguntas poderosas no van por ahí. Las preguntas poderosas requieren que escuchemos, requieren que estemos presentes.

Cuando preguntamos poderosamente no preguntamos a lo que no escuchamos, preguntamos a lo que no se ha dicho.

Escuchar

Cuando pensamos en habilidades de comunicación tendemos a pensar en estas en términos de "habilidades para hablar", sin embargo, para lograr ser comunicadores efectivos es necesario desarrollar otra habilidad, la de escuchar.

En el ámbito del coaching definimos escuchar como un proceso interpretativo. ¿Qué significa eso? Que no se trata sólo de lo que entra por nuestros oídos, sino del proceso de darle sentido a esa información. Escuchar es una capacidad social en donde es importante el contexto y la interpretación de las personas que participan de la conversación. Para escuchar, no basta con oír, hace falta interpretar lo que el otro dice.

Escuchar = Oír + Interpretar

Por ejemplo, si estamos cansados o con sueño, quizá no escuchemos de la misma manera que cuando estamos descansados y haya cosas que no entendamos. Mismo cuando estamos enojados, donde esta falta de escucha termina decantando en una discusión. Similar a cuando tenemos un prejucicio sobre el conocimiento de alguien, que puede hacer que no confiemos o descartemos lo que el otro dice.

Como otra cara de esta moneda, es clave distinguir que cuando hablamos con otra persona, una cosa tiene que ver con nuestro mensaje e incluso nuestra intención al hablar, y otra muy diferente es el impacto de lo que eso puede causar en el otro, por su propia escucha.

Los siguientes consejos puede ayudarte a trabajar en tu escucha:

1. Estar presentes.
La presencia intelectual es necesaria para comprender. Escuchamos aquello que no se dice, somos curioso sobre lo que el otro piensa.

2. Hacer silencio.
Es necesario no interrumpir el proceso de elaboración del interlocutor. Los silencios invitan también al otro a reflexionar y seguir elaborando.

3. Preguntar para saber más.
No preguntamos para dar nuestra opinión, preguntamos para conocer más del otro. Nuestro foco debe estar siempre en lo que el otro dice, en lo que el otro piensa.

4. Compartir lo que no entendimos.
Para frasear o repetir lo que el otro dice es un indicador de atención que genera empatía y nos ayuda a validar si nuestro proceso de indagación es correcto.

5. Saber para qué vamos a escuchar.
A esto se lo conoce como escucha previa. ¿pregunto para entender lo que no sé? ¿o pregunto porque quiero corregir al otro, o para defenderme de algo? Nuevamente, si el foco está puesto en mi, y no en facilitar el proceso de reflexión del otro, hay información que nos vamos a perder.

 

Ser conciente de como preguntamos nos ayuda a reducir el gap que hay entre lo que queremos decir y lo que el otro efectivamente está escuchando. La proxima vez veremos técnicas para que nuestras preguntas sean realmente poderosas.

 

Referencias

1. Preguntas poderosas: Creencias.

 

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