Conociendo ya lo que observamos, sentimos y necesitamos y lo que queremos pedir a los demás, pasemos a la aplicación de estos mismos cuatro componentes para escuchar lo que observan, sienten y necesitan los demás y lo que nos piden. En esta parte encontraremos un breve resumen desde el libro de Marshall B. Rosenberg sobre La Compasión.
La conexión con uno mismo a través de la compasión
El uso más importante de la CNV tal vez sea para el desarrollo de la autocompasión.
A través de los distintos artículos que exploramos de la CNV, pudimos observar como contribuye a las relaciones con los amigos y con la familia, el trabajo y en el ámbito político. Su aplicación más importante, tal vez se centre en la manera en que nos tratamos a nosotros mismos. Si somos interiormente violentos para con nosotros mismos, en nuestro discurso interno, por ejemplo, es difícil que seamos realmente compasivos con los demás.
Recordemos lo especiales que somos
Los conceptos negativos que tenemos de nosotros mismos nos impiden ver nuestra propia belleza y perdemos conexión con la energía divina que es la fuente de nuestro ser, nos condiciona a vernos como objetos llenos de deficiencias, ahí es cuando esta violencia puede ser reemplazada por la compasión en nuestra permanente auto evaluación.
Nuestra evaluación de nosotros mismos cuando distamos de ser perfectos
Usamos la CNV para autoevaluarnos de maneras que promuevan el crecimiento y no el rencor hacia uno mismo.
Si la manera en que nos autoevaluamos nos lleva a sentir vergüenza y, en consecuencia cambiamos nuestra conducta, permitimos que nuestro crecimiento y aprendizaje estén guiados por el odio que guardamos contra nosotros mismos. Aunque nuestra intención sea comportarnos con más amabilidad y sensibilidad, si los demás perciben que detrás de nuestras acciones hay vergüenza o culpa, es menos probable que aprecien lo que hacemos.
Evitemos utilizar el “debería”.
En nuestro idioma hay una expresión que tiene una enorme capacidad de generar vergüenza y culpa, una expresión violenta que solemos usar para autoevaluarnos. Se trata de la expresión “debería”, como por ejemplo “No debería haber hecho eso” o “Debería haberlo imaginado” Cuando la usamos con nosotros mismos, la mayoría de las veces nos resistimos a aprender, puesto que la expresión implica que no hay otra opción.
El discurso interno no para de decir lo que se «debe» hacer, sin embargo la naturaleza humana se resiste a aceptarlo porque no estamos destinados a someternos a la esclavitud y a los dictados del «debería» o del «tengo que», sea que vengan de afuera o de adentro. Y si cedemos y aceptamos estas exigencias, nuestros actos prescinden de la energía que surge de la alegría cuando contribuimos a la vida.
Traducción de los juicios sobre uno mismo y de exigencias internas
Los juicios sobre nosotros mismos, al igual que todos los juicios, son la trágica expresión de necesidades no satisfechas.
Una premisa básica de la CNV es que siempre que damos a entender que alguien se equivoca u obra mal, lo que decimos en realidad es que dicha persona actúa de una forma que no está en armonía con nuestras necesidades. Si resulta que la persona que juzgamos somos nosotros mismos, lo que decimos es: “No me estoy comportando de una manera que está en armonía con mis propias necesidades”.
Una manera efectiva de aprender a realizar estas evaluaciones es usando como eje a nuestras necesidades satisfechas o insatisfechas.
El desafío que nos presenta cuando hacemos algo que no aporta a nuestra vida, es el de evaluarnos a cada momento de una manera que nos inspire a mejorar:
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La dirección hacia la cual nos gustaría dirigirnos y
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A partir de la autocompasión y del respeto para con nosotros mismos y no del odio, la culpa o la vergüenza.
El duelo en la CNV
Conexión con los sentimientos y necesidades no satisfechas estimulados por acciones pasadas que ahora lamentamos.
Así como aprendimos a traducir los juicios cuando conversamos con los demás, también podemos entrenarnos para reconocer en qué momento nuestra “charla interna” está cargada de juicios para con nosotros mismos, e inmediatamente centrar la atención en las necesidades internas.
En la CNV, el duelo consiste en el proceso de conectarnos completamente con las necesidades no satisfechas y los sentimientos que se generan cuando reconocemos nuestras imperfecciones. Es una experiencia de arrepentimiento que nos ayuda a aprender de lo que hicimos sin echarnos la culpa ni odiarnos. Nos damos cuenta de que nuestra conducta procedió contra nuestras necesidades y valores y nos abrimos a sentimientos que surgen de esta toma de conciencia. Cuando nuestra conciencia está centrada en lo que necesitamos, nos orientamos naturalmente a pensar en posibilidades creativas relacionadas con la manera de satisfacer dichas necesidades. Por el contrario, los juicios moralistas que usamos cuando nos culpamos tienden a oscurecer tales posibilidades y a perpetuar un estado de autocastigo.
Perdonarnos
El perdón a nosotros mismos se basa en conectar con la necesidad que tratábamos de cubrir cuando hicimos lo que ahora lamentamos haber hecho.
El paso siguiente en el proceso de duelo es perdonarnos. Dirigimos la atención a aquella parte de nuestro ser que optó por actuar de cierta manera y nos preguntamos: "Cuando me comporté de la forma que ahora lamento, ¿qué necesidad propia quería satisfacer?" Al escucharnos con empatía, logramos conectar con la necesidad subyacente. El perdón surge cuando establecemos esta conexión empática. Así reconocemos que nuestra elección fue un intento de servir a la vida aunque no logró satisfacer nuestras necesidades.
Un aspecto fundamental de la autocompasión es sostener empáticamente dos facetas: el ser que lamenta una acción pasada y el que la llevó a cabo. Este proceso de duelo y perdón nos libera para aprender y crecer. Al conectarnos momento a momento con nuestras necesidades, fortalecemos nuestra capacidad de actuar en armonía con ellas.
Somos compasivos con nosotros mismos cuando logramos vincularnos afectuosamente con todas las facetas de nuestra persona y reconocer las necesidades y valores que cada una expresa.
¡Haga lo que haga, que sea un juego!
Queremos emprender acciones por el deseo de contribuir a la vida, no por miedo, culpa, vergüenza u obligación.
Una forma importante de autocompasión es hacer elecciones motivadas únicamente por nuestro deseo de contribuir a la vida, no por miedo, culpa, vergüenza o sentido del deber. Cuando tomamos conciencia del propósito enriquecedor que hay detrás de nuestras acciones, cuando nuestra motivación es simplemente hacer que la vida sea maravillosa para todos, hasta el trabajo más duro se convierte en juego. Por el contrario, si realizamos una actividad que debería ser placentera por obligación, deber, miedo, culpa o vergüenza, pierde su encanto y genera resistencia.
Traducción del "tener que" al "elegir"
- Paso uno
- ¿Qué actividades en su vida le resultan gratas y divertidas? Hacer una lista de todo aquello que siente como obligación, actividades que preferiría evitar pero que realiza porque cree que no tiene alternativa.
- Paso dos
- Al completar la lista, reconozca sinceramente que hace estas cosas porque elige hacerlas, no porque deba hacerlas. Anteponga la palabra "Elijo..." a cada actividad.
- Paso tres
- Después de reconocer que eligió realizar cada actividad, explore la intención detrás de esa elección completando la frase: "Elijo... porque quiero..."
- Cultivar la conciencia de la energía detrás de nuestras acciones
- Siempre que se elija algo, tomar conciencia de la necesidad que satisface
- Al analizar la frase "Elijo... porque quiero...", probablemente descubra valores importantes detrás de esas elecciones. Al revisar las actividades de su lista, quizás identifique una o varias de estas motivaciones:
- Por dinero: El dinero es una importante recompensa extrínseca en nuestra sociedad. Las acciones motivadas por la recompensa tienen un costo: nos privan de la satisfacción que surge al contribuir genuinamente a satisfacer una necesidad humana. En la CNV, el dinero no es una "necesidad", sino una de las muchas estrategias para satisfacer necesidades.
- Por aprobación: Es trágico que nos esforcemos tanto en comprar amor, creyendo que debemos negarnos a nosotros mismos y actuar en función de otros para recibir aprecio. En realidad, cuando actuamos simplemente para enriquecer la vida, los demás lo agradecen naturalmente.
- Para escapar al castigo: Algunos pagamos impuestos principalmente para evitar sanciones, lo que nos lleva a realizar este trámite anual con resentimiento. Sin embargo, al pensar en las personas cuyo bienestar depende de los impuestos, podemos sentir verdadera satisfacción al enviar ese pago.
- Para evitar la vergüenza: Somos conscientes de las acciones motivadas por el deseo de dinero, aprobación, miedo, vergüenza o culpa. Debemos reconocer el precio que pagamos al realizarlas.
- Para evitar el sentimiento de culpa: A veces pensamos: "Si no hago esto, los decepcionaré". Tememos sentirnos culpables por no satisfacer las expectativas ajenas. Existe una diferencia fundamental entre hacer algo para evitar la culpa y hacerlo desde la conciencia de nuestra necesidad de contribuir a la felicidad de otros. El primer camino lleva a la tristeza; el segundo, a la alegría plena.
- Porque es un deber: Cuando usamos un lenguaje que niega la elección voluntaria (como "debo", "tengo que", "es preciso que", "no puedo", "se supone que"), nuestras acciones surgen de una vaga sensación de culpa, deber u obligación. De todas las formas de actuar desconectadas de nuestras necesidades, esta es la más peligrosa socialmente y la más perjudicial a nivel personal. Tal vez la conducta más peligrosa sea hacer las cosas "porque se supone que debemos hacerlas"
Después de examinar la lista de actividades, se pueden abordar con un nuevo espíritu. Aunque pueda parecer radical, se trata simplemente de hacer las cosas desde una actitud distendida. En la medida en que nos comprometemos, momento a momento, con el gozo de enriquecer la vida —motivados únicamente por ese deseo de enriquecimiento—, estamos siendo verdaderamente compasivos con nosotros mismos.